Perú al 2050: La cultura de la previsión

Escrito por Jorge Toyama

Con motivo del aniversario número 30 del diario Gestión, nuestro socio Jorge Toyama hace un repaso de los avances y retrocesos en materia laboral en los últimos 30 años, y señala los retos para el futuro.

Gestión cumple treinta años. El Perú laboral cambió radicalmente desde que apareció. La regulación ha sido un péndulo, entre lo flexible y lo rígido, entre crecimiento y crisis. Veamos un sumario.

1990. Una PEA de casi 8 millones, repartida entre el mundo rural y urbano, mayormente asalariada, alta conflictividad alimentada por ideologías e infiltración terrorista en algunos sindicatos. Empresas estatales, con fuerte intervención del MINTRA y el año de mayor inflación de nuestra historia. Nació Gestión.

2000. La PEA creció a casi 12 millones, con predominio de trabajadores urbanos, reducción de la conflictividad, una regulación a favor de la inversión y un retroceso de Estado de “lo laboral” así como su condición de empleador. Toda una nueva regulación, laboral y previsional.

2010. El Tribunal Constitucional impuso la reposición a un país que tenía 15 millones de PEA, con preponderancia de independientes, y trabajadores centrados en servicios y comercio. Los años de crecimiento económico no tuvieron un impacto relevante en la calidad de empleo en medio de un lento crecimiento sindical.

2020. La pandemia ha generado que la informalidad se incremente en 10% y llegue a niveles de 80% del año 2000. Tenemos una PEA de 17 millones muy golpeada y donde las desigualdades han aumentado.

¿Qué deseamos para un Perú 2050?

Lo esencial es la previsión social: todos los peruanos debemos tener tutela en salud, pensiones y riesgos ante accidentes y enfermedades profesionales. Necesitamos una reforma integral con niveles obligatorios de aseguramiento público (Pensión 65, SIS) financiado por privados y el Estado, una contribución obligatoria de dependientes e independientes con aportes a los sistemas públicos y privados (Essalud, ONP, AFPs y EPSs) y una tercera capa voluntaria de aportaciones para la mejora de las prestaciones de salud y pensiones.

La cultura de la previsión es fundamental que la tengamos todos muy presente. Más todavía porque se nos acabará el “bono demográfico” y en el 2050 habrá más necesidad de atender a los adultos mayores.

Debemos trabajar en cambios culturales de sindicatos y gremios empresariales, sin caer en populismos ni arbitrariedades, pero con un Estado que imponga las reglas de juego transparentes y sostenibles. El propósito debería ser un país donde todos busquemos estar asegurados adecuadamente y se generen las mejores condiciones para la inversión privada, que es la mayor fuente de empleos de calidad.

Fuente: Diario Gestión