Por un año con más consensos sociales y menor polarización política

Escrito por Renato Mejia

La incertidumbre en las regulaciones sanitarias y laborales, sumada a las declaraciones confusas de las autoridades, no suman a una mayor la recuperación del empleo.

Las tragedias de las que hemos sido testigos los peruanos en estos casi dos años de pandemia, lamentablemente no han sido suficiente llamado de atención para que la clase política alinee medidas que eviten que estas se repitan.

En su gran mayoría, nuestras autoridades y políticos se encuentran enfrascados en una guerra ideológica, entre estridentes confrontaciones y reclamos para identificarse como auténticos representantes de su orilla ideológica, mientras la incertidumbre sobre lo que viene el 2022 y el futuro inmediato es latente y no se ven luces de mejoría en asuntos tan importantes para los ciudadanos como la salud, la educación y particularmente en el empleo.

A poco de culminar el año de nuestro bicentenario como república, nos encontramos en medio de un campo de batalla en el que la aniquilación del adversario político ha desplazado a la confrontación de ideas, el debate y el diálogo que da origen a consensos. Y a pesar de sus reivindicaciones en nombre del pueblo o de la libertad, cuando los diversos actores políticos se alinean al margen de sus diferencias ideológicas, lo hacen en función a intereses contrarios a importantes reformas como, por ejemplo, la de la educación.

Entre tanto, la nueva variante del virus de la COVID-19 avanza en nuestro país, y aunque los primeros estudios científicos estiman que desarrolla una enfermedad menos grave y la tasa de vacunación en nuestro país ya supera el 75% de la población objetivo (un gran reconocimiento al sistema de salud público y su personal), su alta transmisibilidad puede llevar nuevamente al colapso a nuestro sistema de salud y requerir retomar estrictas medidas de restricción para controlar la transmisión, lo que podría tener un nuevo impacto negativo en el empleo.

Lo que sabemos sobre el virus y la enfermedad, debería hacer posible que nuestras autoridades dispongan de medidas razonables y predecibles. En un contexto en el que empleo se recupera lentamente, pero con precariedad, la incertidumbre sobre el contenido, sentido, oportunidad y vigencia de las regulaciones sanitarias y laborales, sumada a declaraciones confusas de las autoridades sobre eventuales regulaciones que no se llegan a concretar o lo hacen sin suficiente anticipación, o peor aún a su abierto incumplimiento por las propias autoridades, no suman a dicha recuperación.

En este contexto se hace urgente encontrar espacios de diálogo. La anunciada reactivación del Consejo Nacional de Trabajo puede ser una oportunidad para dar pie a que los principales gremios empresariales y centrales sindicales discutan y propongan lineamientos orientados a la recuperación del empleo formal, marcando la agenda (y no al revés) de un gobierno que luce cada vez más desorientado y opaco.