Turbulencias laborales

Escrito por Jorge Toyama

En solo semanas cambiaron radicalmente las relaciones laborales. Las graves crisis sanitaria, política y económica nacionales fueron el marco para desencadenar una crisis en el sector agrario.  Las protestas y la respuesta regulatoria del Estado han sido un punto de quiebre.

La agricultura representa la situación laboral del país. Mucha informalidad en la mayoría de las microempresas y unidades familiares en contraste con la mayor formalidad en la mediana y gran empresa. La nueva regulación, como la anterior, se concentra en las medianas y grandes y se reforzaría con una mayor fiscalización laboral, presión mediática y fomento a la sindicalización. 

El aumento del ingreso mensual, los sistemas de contratación y nuevas condiciones de trabajo aprobadas no se aplicarán a la mayoría de la población agraria y se distanciará más de la formalidad. ¿Cómo se podrían formalizar las microempresas tras esta norma? ¿Cómo podrían asumir la subida de 30% de los sueldos?  La norma está agudizando las brechas entre formalidad e informalidad.

Estamos en una nueva etapa. Lo que hemos vivido estas semanas, la pandemia y sus efectos en la salud y economía más el entorno político, avizoran un período turbulento de demandas por mejores condiciones laborales en otros sectores que podrían terminar en presiones sociales (marchas, huelgas, denuncias, etc.).  De alguna manera, la institucionalidad se ha visto rebasada por la presión social (toma de carreteras, paralización, redes sociales, etc.) que logra aumentos, estabilidad laboral y mayor protección social.

La lección aprendida sería que no basta cumplir las normas (planillas), dar protección social y un trato adecuado, cuando el resto, la mayoría, es informal, el trabajo es precario y la población  perciben situaciones injustas.

Las empresas y cada sector económico deben tener un propósito, un “para qué” en la sociedad.   La sostenibilidad de la empresa supone que el propósito sirva de estrategia en todas sus políticas, incluyendo a las organizaciones sindicales quienes pueden ser aliadas para lograr el crecimiento conjunto, mejores condiciones y mayor productividad.

Toca recuperar la  institucionalidad y los espacios de diálogo.  El Consejo Nacional de Trabajo debe reactivarse y los gremios deben participar para que sea el órgano de persuasión laboral más relevante del país.  Hay consejos regionales de trabajo que también deben repotenciarse para llegar a acuerdos propios de cada región. 

El Estado debe hacer real que las microempresas y trabajadores independientes vean y sientan las ventajas de la formalidad y se formalicen. La crisis sanitaria ha develado la tremenda falta de protección social de la población.  Tener un “seguro” es lo esencial y el Estado, los sindicatos y las empresas deben buscar primero el “aseguramiento” de los informales, incluyendo al sector agrario.

Fuente: Diario Gestión.