En las conversaciones con CEOs sobre los desafíos, aparecen preocupaciones estrechamente relacionadas: cuidar a los trabajadores, cumplir con los clientes y mantener una empresa financieramente sana.
En una emergencia, atender las tres dimensiones al mismo tiempo resulta especialmente difícil. Frente a El Niño, esa preocupación ya debe traducirse en acciones concretas: equipos organizados, recursos asignados y medidas de prevención o mitigación en marcha. Una empresa puede tener sus instalaciones aseguradas, los inventarios protegidos y una ruta alternativa para despachar; sin embargo, si sus trabajadores y sus familias son impactadas, debe tener acciones concretas de asistencia y bienestar.
El ENFEN ha señalado que El Niño Costero continuaría hasta mediados del otoño de 2027, con la mayor probabilidad de una magnitud extraordinaria entre setiembre de 2026 y enero de 2027. Para un CEO, esto supone asignar recursos entre necesidades que compiten todos los días porque hay inversiones comprometidas, obligaciones financieras y clientes que atender. Quienes acompañamos a las empresas debemos tener presentes esas restricciones y ayudar a resolverlas con propuestas concretas: qué requiere atención inmediata, cuál es el presupuesto, quién lo ejecuta y a cuántas personas protege.
Como todo plan, la ejecución necesita coordinación. Recursos Humanos conoce la situación de los trabajadores; las áreas operativas, las necesidades del servicio; Finanzas, los recursos disponibles; y Legal, las alternativas y sus límites. La gerencia general les da una prioridad común y capacidad para actuar: el CEO no necesita resolver cada caso personalmente pero sí debe liderar al equipo así como saber qué medidas están funcionando, dónde hay retrasos y qué decisiones requieren su intervención.
Con información, lo primero son los trabajadores y sus familias, materializando ayuda concreta, según las posibilidades de cada organización: adelantos o préstamos sin intereses para acondicionar viviendas, suministros de emergencia, orientación para las familias o facilidades de traslado. Una activación humana es útil cuando llega a tiempo y se concentra en las necesidades inmediatas.
Dentro de los centros de trabajo, la revisión de riesgos y los planes de emergencia ya deben estar traduciéndose en medidas de protección. En lo cotidiano, los trabajadores y sus jefes necesitan conocer desde ahora cómo se atenderán las dificultades de traslado, quién puede autorizar un cambio de turno o cuándo será viable recurrir al teletrabajo o vacaciones y, si una vía queda bloqueada, debe existir un canal para reportarlo y recibir una respuesta. Por su parte, los jefes requieren instrucciones comprensibles y respaldo para ejecutarlas: deben saber a quién llamar, qué apoyo pueden movilizar y cómo proceder cuando las condiciones impiden realizar una tarea con seguridad.
Actualmente hay empresas que ya enfrentan una caída de actividad (o inclusive una nula operación como pesca) y decisiones difíciles que tomar como mayores préstamos, reducción de costos, limitaciones de pago a proveedores, etc. En laboral, según las circunstancias, se están disponiendo vacaciones adelantadas, licencias compensables, reducción de sueldos, no renovación de contratos temporales, menos días de trabajo, suspensiones sin goce de haberes u otras medidas más drásticas. Esperamos que el gobierno actúe razonablemente en las fiscalizaciones de trabajo y especialmente en los procesos de suspensión de labores pues son procedimientos necesarios para evitar un cese colectivo o la liquidación de la compañía.
Naturalmente, el impacto económico es distinto para cada negocio. Algunas empresas registran una mayor demanda de productos e ingresos extraordinarios durante la emergencia y aquí correspondería poner en marcha mecanismos para compartir parte del beneficio adicional como fondos de ayuda para trabajadores afectados o aportes de productos, transporte y servicios a las comunidades que sufran los daños.
En la próxima reunión de seguimiento, junto a los avances en comercial, abastecimiento y liquidez, el CEO debería recibir un reporte igualmente concreto sobre las personas: trabajadores contactados, familias atendidas, medidas implementadas y problemas pendientes. Esa información permite al CEO decidir a tiempo.
El Niño ya avisó. Es el turno de los CEOs.