Por: Jorge Toyama

Balance y perspectivas laborales 2024

El 2024 seguiremos padeciendo los efectos de la recesión y si el Fenómeno El Niño es intenso y la inseguridad e inestabilidad política continúan, podríamos terminar el 2024 igual o peor que este año.

El 2023 ha sido un año laboral (casi) para el olvido. Según datos del INEI, BCR y Apoyo Consultoría, la recesión económica ha sacado del mercado a más de 125 mil peruanos, retrasado los salarios reales en 9%, consolidado la informalidad laboral en más de 75% y empeorado la productividad laboral, tan baja como nuestra posición en las eliminatorias del Mundial.

Desde hace más de 20 años no teníamos este lamentable escenario laboral y que en sectores como agricultura, pesca, construcción y manufactura nos acerca a fines del siglo pasado. En adición, el mundo formal es más precario. Hay más contratos temporales y menos estables. Más trabajadores de terceros que personal propio. Menos aumentos y bonos. Más flexibilidad y menos beneficios.

El trabajo bien remunerado y formal (con protección social) es escaso. Solo el 21.9% de los trabajadores es formal y gana más del mínimo vital. El 2.4% es formal pero recibe menos del mínimo vital. El 27.7% de trabajadores es informal pero gana más del mínimo vital. Y, la mayoría, 48% de los trabajadores es informal y percibe menos del mínimo vital (INEI).

Los conflictos laborales no se han reducido, las denuncias ante Sunafil y los juicios laborales se han incrementado y vuelto más complejas. Las controversias sindicales se han endurecido y se observa más huelgas y plantones.

Salvo una ley aprobada para reactivar los sectores textil, confecciones, agrario, agroexportador y agroidustrial, el Congreso solo ha generado más feriados y facilitado los retiros de CTS y AFPs. El Gobierno se focaliza principalmente en acciones de empleo temporal público así como regular y fiscalizar a los casi dos millones de trabajadores formales de la gran empresa.

«El próximo año representará la consolidación del trabajo híbrido. La mixtura de trabajo en casa y en la oficina parecería ser la fórmula para conectar a las empresas con las nuevas generaciones».

Por: Jorge Toyama

Socio

2024 laboral a la vista

Gran parte del año que viene seguiremos padeciendo los efectos de la recesión y si el Fenómeno El Niño es intenso y la inseguridad ciudadana e inestabilidad política continúan, podríamos hasta terminar el 2024 igual o peor que este año. Ojalá nos equivoquemos pero no se observa ninguna señal de que el Gobierno y el Congreso apuesten por la reforma del mercado de trabajo que brinde protección social con incentivos reales para la inversión privada que genera contrataciones formales y beneficios sociales para trabajadores y empresas.

Es probable que se incremente la Remuneración Mínima Vital (RMV) desde el segundo trimestre en adelante, se siga focalizando la regulación y las políticas públicas en el gran empleador formal y la precariedad laboral así como la falta de protección social sigan en niveles altos. En nuestro país de la incertidumbre, veremos nuevas leyes pero es poco probable que se concentren en el fomento del empleo, la elevación de la productividad laboral o la reducción de las brechas sociales.

El año 2024 representará la consolidación del trabajo híbrido en varios sectores. La mixtura de trabajo en casa y en la oficina parecería que es la fórmula para conectar a las empresas con las nuevas generaciones. Los nómades digitales que escogen el teletrabajo internacional serán cada vez más frecuentes, trabajadores que laboran para una empresa peruana pero que nunca pisarán territorio patrio salvo de turistas.

Igualmente es un año de grandes retos por la Inteligencia Artificial (IA). Las empresas y trabajadores que utilizan la IA para volverse más productivos y empleables son los que capitalizarán esta nueva revolución humana. Aquellos que no se adapten, lamentablemente irán perdiendo competitividad. Tras el covid 19, las posiciones de secretarias, mensajeros, operadores telefónicos, canillitas, etc. están desapareciendo. Con la IA procesos operativos, repetitivos y manuales seguirán el mismo camino.

Es previsible que los conflictos laborales sigan aumentando, tanto individuales como colectivos. Es poco probable que la mayoría de empresas puedan otorgar aumentos planos equivalentes o mayores que la inflación o que mejoren los beneficios laborales. Ante el trabajo escaso y el aumento el costo de vida, el resultado no puede ser otro que mayores reclamos.

 

¿Qué deben hacer las empresas?

Primero, apostar por la gestión de personas y las mejores relaciones laborales estratégicas. Los planes y acciones para generar el mejor ambiente de trabajo, inclusive en momentos de crisis, siguen siendo la base de la sostenibilidad de las empresas. Segundo, el mejor liderazgo. Todas las personas que lideran trabajadores deben cultivar las mejores habilidades sociales para atraer y desarrollar al talento escaso y tener el mayor impacto material en la organización. Tercero, el propósito, la cultura y los valores son indispensables para tener políticas de diversidad, atender los requerimientos de las nuevas generaciones y las demandas sociales. El “alma” de las empresa no puede estar en el Ebitda sino en los intereses de los trabajadores, clientes, consumidores y sociedad alineados en una sola organización.

Finalmente, foco en lo correcto, en lo justo. Un gerente invitó a desayunar a un grupo de operarios en su oficina y les sirvió café de una máquina que prepara diferentes tipos de (latte, capuccino, etc.). Uno le comentó, “gracias, señor, nosotros también tomamos café en la planta”. Qué bien, le replicó el directivo. “Sí, pero de lata”, finalizó el operario… silencio incómodo. Brindemos las mejores condiciones y beneficios posibles pero tratemos a todos en igualdad.

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